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Resumen del libro

El patrón Bitcoin

Por: Saifedean Ammous

La alternativa descentralizada a los bancos centrales
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Introducción

El 1 de noviembre de 2008, Satoshi Nakamoto anunció que estaba trabajando en un nuevo sistema de dinero que no precisaba de un tercero de confianza. Se trataba del sistema Bitcoin, una red de pago con su propia moneda autóctona que utilizaba un sofisticado método para que los miembros pudieran verificar todas las transacciones sin tener que confiar en ningún componente de la red.

Bitcoin automatiza las funciones de un moderno banco central, y las convierte en predecibles y prácticamente inmutables mediante la programación de un código descentralizado entre miles de miembros de la red, ninguno de los cuales puede modificarlo sin el consentimiento del resto.

De este modo, Nakamoto buscaba dar solución a uno de los problemas más antiguos de la humanidad: ofrecer un tipo de divisa que esté por completo a las órdenes de su dueño y de la que se espera que conserve su valor a largo plazo. ¿Por qué es esto un problema en la actualidad? Para explicarlo, examinaremos las opciones que se han utilizado a lo largo de la historia y cómo Bitcoin mejora los sistemas anteriores como reserva de valor.

En primer lugar revisaremos el concepto de dinero, su función y propiedades. Explicaremos qué problemas pretende resolver, por qué bienes diversos han hecho dicha función: conchas, metales, monedas etc. y por qué han podido tanto fracasar como servir a la sociedad.

En segundo lugar analizaremos las repercusiones individuales, sociales y globales de una moneda más o menos sólida. Una divisa sólida permite pensar en el largo plazo, ahorrar e invertir de cara al futuro. El ahorro y la inversión a largo plazo son clave para la acumulación de capital y el progreso de la civilización. Son además un baluarte efectivo contra gobiernos o estados despóticos.

Finalmente examinaremos usos posibles de Bitcoin y malentendidos comunes. Y es que, Bitcoin no es más que una respuesta alternativa a un problema que persiste desde que la humanidad existe: cómo mover de forma efectiva el valor económico a través del tiempo y el espacio.

Historia del dinero

Remontándonos a sus inicios, la forma más sencilla de intercambio económico es el intercambio directo de objetos valiosos, el trueque. No obstante, este es práctico solo en círculos pequeños, ofreciendo poca oportunidad para la especialización, ya que todas las personas deberían ocuparse en la obtención y producción de elementos básicos de supervivencia.

Una economía más grande y compleja hace posible que los individuos se especialicen en mercancías más diversas e intercambiables entre más personas, las cuales no deben conocerse entre sí, sin tener un recuento actualizado de bienes, servicios y favores. No obstante, surge el problema de la coincidencia de deseos: aquello que se quiere adquirir lo produce alguien que no desea lo que tenemos para vender e intercambiar. Además, tendríamos problemas de escalas, ya que puede que el valor que uno quiera no tenga el valor que se tenga en propiedad. Incluso puede que no sea práctico dividir uno de ellos en unidades más pequeñas.

Imagina tener que intercambiar zapatos por una casa: no puedes dividir la casa en fragmentos más pequeños, ni el dueño de la casa querrá poseer todos los zapatos que en su valor conjunto equivalen a la casa. En segundo lugar, aparece la falta de coincidencia en la línea temporal. Si tratamos de intercambiar manzanas por un coche, estas se estropearán antes de cerrar el trato. Además, tendríamos que hacer frente a una posible falta de coincidencia en la ubicación. Por ejemplo, las casas suelen no ser fácilmente transportables.

La única manera de evitarlo es usar un intercambio indirecto, un producto que la otra persona quiera, un instrumento de cambio. De manera natural, surge un único (o un número reducido) de instrumentos de cambio, para que todos canjeen sus bienes por el mismo. Si es ampliamente aceptado, se denomina dinero. No es un bien de consumo, ni tiene el fin de ser empleado para la producción de otros bienes; lo que conoceríamos como inversión o bien de capital.

La inversión genera un retorno, que el dinero no brinda. No obstante, esta genera un riesgo de fallo, mientras que el dinero (en principio) da mayor seguridad. Las inversiones suelen tener un menor grado de liquidez que el dinero, ya que requieren costes de transacción. Por esta razón, siempre habrá demanda de dinero.

El precio de la conveniencia de guardar dinero es la renuncia al consumo y al retorno de una posible inversión. Carl Menger, miembro de la escuela austriaca de economía, averiguó cuál era la propiedad esencial que hace que un bien sea adoptado con libertad como moneda en el mercado: la vendibilidad, la facilidad de venta de un producto en el mercado siempre que lo desee el titular, con el menor perjuicio en su precio.

No hay nada que estipule qué puede ser utilizado como dinero y qué no. A lo largo de la historia han sido utilizados diversos tipos: Oro, plata, cobre, conchas marinas, piedras, sal, ganado, valores del estado, piedras preciosas, alcohol, cigarrillos, etc. En cualquier caso, el bien elegido debe solventar la vendibilidad en diversas escalas, en el espacio y en el tiempo. Se debe poder fragmentar en unidades más pequeñas, o agrupar en más grandes. También debe ser fácil de transportar. El tercer atributo es el más problemático, la capacidad de conservar su valor en el futuro.

El dinero debe actuar como reserva de valor. Debe ser inmune al deterioro, corrosión y otras clases de degradación. Por ello manzanas, pescado y naranjas no funcionaron. Aun así, puede que un producto pierda notablemente su valor aunque su condición física quede inalterada. Para ello, es necesario que la oferta del mismo no aumente de forma radical. Las monedas utilizadas a lo largo de la historia tenían algún mecanismo capaz de limitar su producción, con el fin de mantener el valor de las unidades existentes. Una moneda cuya oferta es difícil de aumentar es conocida como moneda fuerte.

Para entender el concepto de fortaleza en este contexto, debemos examinar los dos criterios para su cumplimiento. En primer lugar, las existencias o stock, la oferta existente integrada por todo lo que ha sido producido en el pasado menos todo lo que ha sido consumido y destruido. En segundo lugar, el flujo: la producción adicional que se llevará a cabo en el siguiente período. De este modo obtenemos el ratio entre existencias y flujo. A mayor ratio, mayores probabilidades de que la moneda mantenga su valor.

Si se adquiere una moneda fuerte como reserva de valor, su adquisición aumentará la demanda y por tanto el precio. No obstante, el flujo es pequeño comparado con la oferta existente; incluso dándose un gran aumento de la producción, es poco probable que provoque una caída significativa del valor. En cambio, si hablamos de una moneda débil, sería fácil para los productores crear grandes cantidades de la misma, suponiendo una caída de precio y la consiguiente expropiación de la riqueza de los ahorradores.

Toda moneda que sea empleada con éxito, contará con algún mecanismo artificial que tienda a limitar el flujo del bien en el mercado, manteniendo así su valor en el tiempo. Para que algo asuma el rol monetario, debe ser costoso de producir, de lo contrario, la tentación de hacer dinero a bajo coste penalizará a los ahorradores. Por esta razón se utilizaron conchas, ya que era difícil encontrarlas, o cigarrillos en las prisiones. Cuanto menor sea el ritmo de oferta, más posibilidades de que el valor se conserve. Cuando las tecnologías hicieron que la captura de conchas fuera fácil se pasó al metal o al papel. Cuando un gobierno aumenta la oferta de una moneda, se pasa a invertir en divisas extranjeras, oro u otros activos monetarios más fiables.

Otro factor clave de la vendibilidad es la aceptación por parte de otras personas. Cualquier dispositivo que utilice correo electrónico debe usar un protocolo IMAP/POP3 para recibirlos, y uno SMPT para enviarlos. Del mismo modo, una moneda debe ser aceptada por la sociedad para realizar intercambios económicos. Pues, una moneda fuerte también debe ofrecer la posibilidad de que todos los precios se expresen en sus términos. En otras palabras, debe poder ser utilizada como unidad de cuenta. De lo contrario, cada bien se expresaría en función de otro, lo que dificultaría el funcionamiento de la economía. Y es que, el dinero es un parámetro que mide el valor interpersonal, la recompensa a los productores en función del valor que aportan a los demás, indicando a los consumidores cuánto pagar para obtener el bien deseado. Solo con un instrumento de cambio uniforme, los cambios se vuelven posibles. Con ello, la posibilidad de especialización en tareas complejas, la acumulación de capital y la creación de grandes mercados.

Cuanto mayor sea la economía, mayores oportunidades en especialización en producción de bienes que crearán bienes de consumo en procesos más largos, lo que posibilita productos de mayor calidad y más productivos. En las economías primitivas, uno debía acercarse a la orilla y cazar el pescado con las manos. A medida que la economía crece, se desarrollan herramientas más sofisticadas, lo cual aumenta la productividad.

La acumulación de capital ha hecho posible la inversión en métodos y herramientas más productivas; permitiendo a su vez, que el proceso sea más largo, más productivo por unidad de trabajo, creando productos de mejor calidad. Los buques pesqueros de la actualidad son capaces de navegar ante las inclemencias del clima, pescando grandes cantidades en un corto periodo de tiempo. Nada de esto sería posible sin que el dinero jugase tres papeles: instrumento de cambio, permitiendo la especialización; reserva de valor, para incentivar la inversión y no el consumo; y unidad de cuenta, para permitir cálculos económicos.

Desde la conchas marinas, la sal, el ganado; pasando por la plata, el oro, y el dinero gubernamental respaldado por el oro, hasta las monedas actuales; los avances tecnológicos nos han permitido utilizar nuevas formas de dinero con diferentes ventajas. Durante cierto periodo, estos instrumentos proporcionaron el mejor ratio existencias/flujo posible. Cuando perdieron esta propiedad, fueron sustituidos. Un buen ejemplo fueron las piedras rai, utilizadas en la isla de Yap, en los Estados Federados de Micronesia. Este sistema tenía un comportamiento similar al Bitcoin, como veremos más adelante. La unidad monetaria consistía en grandes discos de piedra caliza que podían llegar a pesar cuatro toneladas, los cuales procedían de las islas Palaos y de Guam. Su obtención suponía un arduo proceso de explotación en la cantera, y su posterior transporte en balsas y canoas. Hacían falta cientos de hombres para obtenerlas. No tenían que moverla para pagar, solo tenían que anunciar que la propiedad de la misma había cambiado. No había modo de robarlas, pues todo el mundo sabía a quién pertenecían.

 

El elevado coste de obtener las piedras rai garantizaba que su oferta existente era mucho mayor que la oferta que pudiera producirse. De este modo obtenían un ratio existencias/flujo muy elevado. Existían piedras de diferentes tamaños, las cuales garantizaban cierto grado de vendibilidad. El sistema funcionó de manera efectiva hasta que en 1871, el capitán estadounidense David O’Keefe naufragó en la isla.

El objetivo de O’Keefe era obtener los cocos de la isla para venderlos a los productores de aceite. Una vez conoció el sistema económico de la isla, utilizó su tecnología para extraer piedras rai. Pero los habitantes se negaron a aceptarlas. El jefe de la aldea decretó que las nuevas piedras se habían obtenido con demasiada facilidad, y por tanto solo las obtenidas mediante el método tradicional tendrían validez. Sin embargo, un sector de la población aceptó el intercambio por cocos, lo que generó un conflicto que acabó eliminando el sistema de piedras como método de pago. Con la tecnología, el ratio existencias/flujo disminuye considerablemente.

El colapso repentino de una divisa es una tragedia, pero si se da de forma lenta en el tiempo, se transferirá de forma paulatina la riqueza de los propietarios a manos de quienes puedan producir el medio a bajo coste. De este modo, los europeos pudieron hacerse con los recursos africanos a cambio de cuentas de vidrio que podían obtener fácilmente con su tecnología. En 1636, los colonos europeos adoptaron conchas como moneda, por su elevado ratio, debido a la dificultad de encontrarlas. Pero cada vez más oro y monedas británicas empezaron a fluir en Norteamérica, las cuales permitían una mejor y más estable determinación de precios. Las mejoras tecnológicas de extracción hicieron que las conchas perdieran su valor y fueran eliminadas como divisas en 1661.

El patrón oro

Como vimos en el apartado anterior, una moneda fácil de producir no es una moneda, y el dinero fácil (o débil) no vuelve más rica a una sociedad, la empobrece; ya que pone toda la duramente ganada riqueza en manos de algo fácil de producir. Al principio, era difícil crear monedas con metales, lo que aumentó su vendibilidad. Debido a su durabilidad, propiedades físicas y abundancia en la tierra; hubo algunos metales más valiosos que otros. El hierro y el cobre, debido a su abundancia y susceptibilidad a la corrosión; tenían bajo valor, por lo que eran utilizados para transacciones pequeñas.

Otros metales más duraderos, como el oro y la plata, eran menos dados a corroerse y estropearse. La práctica indestructibilidad del oro permitía pasar riqueza de generación en generación. Al principio, su valor se estipuló en función de su peso, pero luego se acuñaron monedas uniformes.

En el siglo XIX, apareció el papel moneda y cheques, respaldados por el oro atesorado en las arcas de bancos y bancas centrales. Esto permitió transacciones a cualquier escala. Permitió acumulación mundial de capitales, expansión del comercio sin precedentes, y unió la mayor parte de la economía del planeta bajo la elección de una moneda sólida basada en el mercado. En este sentido, dos avances tecnológicos apartarían al mundo de las monedas físicas. Primero, el telégrafo en 1837, y la creciente red de trenes. De este modo, se hizo más factible para los bancos comunicarse entre sí, enviando pagos en el espacio o cargando cantidades en cuentas. Se acrecentó el uso de billetes, cheques y comprobantes de papel. Algunas naciones eligieron como metal de respaldo el oro, otras la plata.

De este modo, el Siglo XIX, en especial la segunda mitad, fue la época de la historia con más prosperidad, logros e innovación, en parte por la adopción del patrón oro a escala global. La Libra británica contenía 7,3 g de oro, mientras que el Franco francés, 0,29 gramos. Las monedas de otros países eran bastante vendibles, ya que eran de oro. La gente podía acumular tanto como quisiera, y gastar en producción local o extranjera. Se aumentó la tasa de ahorro, lo que permitió acumulación de capital para financiar la industrialización, la urbanización y los avances tecnológicos. Este periodo es conocido como la Bélle époque o la Pax Britannica; ya que el imperio se expandió por todo el mundo y no participó en conflictos militares. Los gobiernos contaban con poca burocracia centrada en microgestionar la vida de sus ciudadanos.

Sin embargo, en 1914 estalló la primera guerra mundial, y todos los países salieron del patrón oro, a excepción de Suiza y Suecia. De este modo empezaría la era del dinero controlado por los gobiernos, con desastrosas consecuencias.

No obstante, el patrón oro tiene sus imperfecciones. Gobiernos y bancos creaban medios de cambio muy por encima de sus reservas. Los instrumentos de cambio terminaron siendo más fáciles de producir que el oro. El problema que subyace es que pagar en oro físico es complicado, caro e inseguro; lo que implicaba la centralización de sus reservas en unos pocos lugares. Por esta razón, la banca y los bancos centrales podían crear dinero no respaldado por oro físico y utilizarlo para liquidar pagos. Por otro lado, los gobiernos tendieron a hacerse dueños del sector bancario a través de los bancos centrales. La riqueza económica casi infinita silenciaba a la disidencia y financiaba la propaganda para promocionar dichas ideas.

Dinero fiat

El nombre común para la moneda regulada por el gobierno, es dinero fíat, de la palabra en latín fiat (hágase), en alusión a su carácter de dinero creado por decreto, orden o autorización. Existe una gran diferencia entre el dinero convertible en oro y el dinero irredimible (no convertible). Bajo el patrón oro, el gobierno solo asume la responsabilidad de acuñar patrones estándar. No tiene control sobre la oferta de oro. En el segundo caso, con una moneda irredimible, la deuda del gobierno y/o el papel se utilizan como moneda, y el gobierno tiene la capacidad de incrementar la oferta como estime conveniente.

Volvamos ahora a la primera guerra mundial, el conflicto entre el imperio austrohúngaro y los separatistas serbios que acabó un conflicto de escala mundial con millones de muertos. La principal diferencia frente a otros conflictos, no fue ni geopolítica ni estratégica, sino más bien monetaria. La facilidad para emitir más papel moneda en pleno conflicto bélico era demasiado tentadora, más sencilla que subir impuestos a sus ciudadanos. De este modo, pudieron financiar la guerra mientras su capacidad de imprimir dinero se mantuvo.

Bajo el patrón oro, el gobierno solo contaba con sus propios activos del tesoro para sustentar sus operaciones bélicas, junto con impuestos y emisión de bonos. Esto limitaba los conflictos. De este modo, es probable que la Primera Guerra Mundial hubiera terminado mucho antes. Una vez finalizado el conflicto, casi todas las naciones habían salido del patrón oro. Por lo tanto, se pasó al nacionalismo monetario, sistema en el que la oferta de dinero de cada país, así como el tipo de cambio se determinaría en acuerdos y reuniones internacionales. Y es que, las ideas Keynesianas proporcionaron aquello que los gobiernos querían oír: la situación de la economía viene determinada por el motor del gasto agregado.

Según Keynes, el aumento del desempleo o ralentización de la producción no tiene causas subyacentes en la estructura de la producción o en la distorsión de los mercados llevada a cabo por las planificaciones centrales. Más bien, todo se debe a la escasez del gasto, y la solución es la corrupción de la moneda y el crecimiento del gasto público. El ahorro reduce el gasto, y como lo importante es el gasto, los gobiernos deben impedir que sus ciudadanos ahorren. Las importaciones dejan a los trabajadores sin empleo, por lo tanto, el gasto debe ir a productos nacionales.

Estas ideas se adaptan con mayor facilidad a un estado totalitario que la idea de producción y distribución de un producto en condiciones de libre competencia. Partiendo de estas ideas, las universidades pasaron a ser parte del aparato del gobierno. La gestión gubernamental de la economía, se convirtió en el incuestionable punto de partida en la educación económica moderna.

Estas ideas continuaron siendo aplicadas durante la Segunda Guerra Mundial y el posterior tratado de Bretton Woods. La falacia Keynesiana de que el gasto público en actividades militares contribuiría a la recuperación económica, seguía estando vigente. Todo gasto es gasto, da igual que provenga de personas que alimentan a sus familias o de que los gobiernos asesinen a extranjeros. Una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, EEUU convocó a sus aliados en Bretton Woods (New Hampshire) para hablar sobre la formulación de un nuevo sistema de comercio mundial. EEUU sería el centro, mientras que otros bancos centrales utilizarían el dólar como moneda de reserva central. Sus respectivas divisas serían convertibles a dólares a un tipo de cambio fijo. El dólar lo sería con el oro a una tasa de cambio fija. Sin embargo, en la práctica los gobiernos cambiaron estos tipos.

Para evitar cualquier tipo de desequilibrio entre tipos de cambio en principio fijos, la conferencia de Bretton Woods instauró el Fondo Monetario Internacional (FMI). Se trata de un organismo de coordinación a escala mundial, con el fin de alcanzar la estabilidad de las tasas de cambio y los flujos financieros. En otras palabras, querían lograr con planificación central lo que el patrón oro había logrado de forma espontánea. Pero sin una unidad de cuenta estable para la economía mundial, era un cometido tan inútil como construir una casa con una cinta métrica cuya longitud variase. El Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (General Agreement of Tariffs and Trades, GATT) tuvo como objetivo planificar de manera centralizada la economía mundial. La Reserva Federal de EEUU actuaría como banco central mundial, “siguiendo” el patrón oro, y todos los demás bancos centrales como bancos regionales.

Las posteriores crisis económicas resaltan el problema fundamental de estas medidas. Con el hundimiento de una moneda, resulta imposible comerciar, producir o realizar cualquier cosa más allá de tratar de satisfacer las necesidades básicas vitales. Las estructuras de producción y comercio se derrumban debido a la incapacidad de los consumidores, productores y trabajadores de pagarse entre sí, y por lo tanto, los bienes que se dan por seguros tienden a desaparecer.

El capital se destruye y se vende para financiar el consumo. Primero desaparecen los artículos de lujo pero más tarde los bienes de primera necesidad. El descenso de la calidad de vida lleva a la indignación y al ascenso de los políticos demagógicos que buscan avivar la ira de la gente para hacerse con el poder. Pues, el constante aumento de la oferta significa una continua devaluación de la moneda, lo que supone expropiar la riqueza de los poseedores de la misma para beneficiar a los que la emiten, así como los primeros en recibirla. La historia ha demostrado que los gobiernos siempre sucumbirán a la tentación de inflar la masa monetaria.

Ninguna sociedad puede prosperar cuando semejante cauce para los ricos permanece abierto, a costa de empobrecer a quienes procuran medios productivos de riqueza. Una moneda sólida hace que el servicio y el trabajo valiosos para los demás sean la única vía abierta a la prosperidad que pueden alcanzar las personas, concentrando así los esfuerzos de la sociedad en la producción, cooperación, acumulación de capital y el comercio.

El dinero sólido es un incentivo para pensar en el futuro. Es lo que inicia el proceso de civilización humana y permite a las personas cooperar, prosperar y vivir en paz. Los humanos tenemos una tendencia innata a preferir el presente, pues el futuro es incierto. Por eso han triunfado las políticas en las que prevalece el gasto a la inversión. Son estrategias que maximizan los impulsos instintivos y animales. En cambio, el dinero sólido cambia la preferencia temporal, fomentando la inversión en satisfacer necesidades a más largo plazo. Los objetos no son destinados al consumo inmediato sino a la producción de bienes futuros, se convierten en bienes de capital. Tanto los animales como los humanos cazan, pero los humanos dedicamos tiempo a desarrollar herramientas para hacerlo. Solo mediante una preferencia temporal menor, dedicaremos menos tiempo a cazar para crear un arpón que no se podrá comer pero proporcionará más eficiencia.

Así es como Hayek llegó a la siguiente conclusión en 1984: lo único que podemos hacer es introducir algo nuevo que el gobierno no pueda controlar. Un nuevo sistema con libertad de mercado y fuera del control gubernamental.

La alternativa Bitcoin

La motivación de Satoshi Nakamoto para concebir Bitcoin fue crear una “nuevo sistema de dinero electrónico utilizando por completo una red de pares”, que no necesita un tercero de confianza para realizar transacciones y cuya oferta no puede ser alterada por ninguna otra parte. 

En otras palabras, Bitcoin trasladaría las características deseables del dinero físico, (falta de intermediarios, irrevocabilidad de las transacciones) al reino digital y las combinaría con una política monetaria rigurosa que no se pudiera manipular para producir inflación inesperada, en beneficio de terceros, a costa de los tenedores. Ya que, Nakamoto consiguió poner esto en práctica mediante el uso de unas tecnologías importantes pero poco conocidas: una red de distribución peer-to-peer (P2P) sin ningún punto de falla, funciones resumen (hash), firmas digitales y prueba de trabajo. Nakamoto eliminó la necesidad de confiar en un tercero al crear Bitcoin sobre la base de una prueba y verificación muy rigurosa e invulnerable.

Se puede decir que la principal característica funcional de Bitcoin es la verificación, y solo por eso puede eliminar por completo la necesidad de un tercero de confianza. Toda transacción tiene que quedar registrada por cada miembro de la red de modo que pueden compartir un registro de balances y transacciones. Siempre que un miembro de la red transfiera una suma a otro, todos los integrantes de la red pueden comprobar que el emisor tiene saldo suficiente, y los nodos compiten por ser los primeros en actualizar el libro de contabilidad con un nuevo bloque de transacciones cada diez minutos.

Para que un nodo añada un bloque de transacciones al registro, tiene que emplear energía de procesamiento para solucionar problemas matemáticos que son costosos de resolver, pero cuya correcta solución es fácil de verificar. Este es el sistema de prueba de trabajo (PoW, por sus siglas en inglés), y solo con una solución correcta puede incluirse y verificar un bloque por parte de todos los miembros de la red. Si bien estos problemas matemáticos no guardan relación con las transacciones de Bitcoin, resultan indispensables para el funcionamiento del sistema, ya que obligan a los nodos de verificación a emplear energía de procesamiento que se desperdiciaría si incluyeran transacciones fraudulentas. 

Una vez que el nodo soluciona la prueba de trabajo correctamente y anuncia las transacciones, otros nodos de la red votan su validez; y, cuando una mayoría ha votado aprobar el bloque, los nodos comienzan a incluir transacciones para que se añada un nuevo bloque al anterior y solucionar la nueva prueba de trabajo para este nuevo bloque. Fundamentalmente, el nodo que incluye un bloque válido de transacciones a la red recibe una recompensa por bloque, que consiste en nuevos Bitcoins añadidos a la oferta monetaria junto con todas las comisiones de emplear transacción que pagan las personas que están realizando. 

Este proceso es lo que se denomina “minería”, similar a la extracción de metales preciosos, razón por la cual a los nodos que solucionan la prueba de trabajo se les llama “mineros”. Esta recompensa por bloque compensa a los mineros por los recursos que dedican a la prueba de trabajo. Mientras que, en un banco central moderno, el nuevo dinero creado se destina a financiar préstamos y gastos del gobierno, en Bitcoin este va a parar a quienes gastan recursos en actualizar el registro. 

Nakamoto programó Bitcoin para que produjera un bloque aproximadamente cada diez minutos, y para que cada bloque contuviera una recompensa de cincuenta monedas en los primeros cuatro años de operación de Bitcoin, para reducirlo luego a veinticinco monedas y a la mitad cada cuatro años.

La cantidad de Bitcoins creada está programada y no puede alterarse por mucho esfuerzo y energía que se emplee en la prueba de trabajo. Esto se consigue mediante un proceso llamado ajuste de dificultad, lo que puede que sea el aspecto más ingenioso del diseño de Bitcoin. Conforme un mayor número de personas deciden tener Bitcoins, el valor de mercado de la moneda aumenta, y esto hace que la minería de nuevas monedas sea más rentable, lo que lleva a más mineros a gastar más recursos en solucionar problemas de pruebas de trabajo.

Que haya más mineros significa más energía de procesamiento, lo que se traduciría en llegar a las soluciones de la prueba de trabajo más rápido, aumentando así la tasa de emisión de nuevos Bitcoins. Pero, a medida que aumenta la capacidad de procesamiento, Bitcoin incrementará la dificultad de los problemas matemáticos necesarios para desbloquear las recompensas de minería y garantizar así que los bloques sigan tardando cerca de diez minutos en producirse.

El ajuste de dificultad es la tecnología que ofrece más garantías fiables para hacer dinero sólido y limitar el aumento de la ratio existencias/flujo, y es lo que diferencia fundamentalmente al Bitcoin de cualquier otra moneda.

Mientras que el aumento del valor de cualquier moneda conduce a más recursos dedicados a su producción y, por tanto, a un aumento de su oferta, cuando el valor del Bitcoin sube, redoblar los esfuerzos para producir Bitcoins no lleva a la producción de más monedas. Por el contrario, eso solo provoca un aumento en la capacidad de procesamiento necesaria para realizar transacciones válidas en la red de Bitcoin, lo que solo sirve para hacer la red más segura. Bitcoin es el dinero más sólido jamás inventado: el incremento de su valor no puede aumentar su oferta; solo puede hacer la red más segura e inmune a los ataques.

La seguridad de Bitcoin reside en la asimetría existente entre el coste de resolver la prueba de trabajo necesaria para la transacción al registro y comprobar su validez. Cuesta cantidades de electricidad y capacidad de procesamiento cada vez mayores registrar transacciones, pero el coste de comprobar la validez de las mismas se aproxima a cero y permanecerá en ese nivel por mucho que crezca Bitcoin. En este sentido, intentar perpetrar transacciones fraudulentas en el libro mayor de Bitcoin es desperdiciar deliberadamente recursos en resolver la prueba de trabajo solo para ver que los nodos la rechazan sin apenas coste, ocultándose así la recompensa de bloque al minero.

Con el paso del tiempo, se hace cada vez más difícil alterar el registro, ya que la energía que se necesita es mayor que la ya empleada, que solo aumenta con el tiempo. Este proceso iterativo tan complejo ha crecido hasta exigir ingentes cantidades de  procesamiento y de electricidad, pero produce un registro de propiedad y de transacciones que no admite discusión, y sin tener que depender de la credibilidad de un tercero.

El registro compartido de Bitcoin puede compararse con las piedras rai de la isla de Yap que hemos visto anteriormente, ya que las transacciones se producen sin que el dinero se mueva en realidad. Mientras que los isleños de Yap se reunían para anunciar la transferencia de la propiedad de una piedra de una persona a otra, y toda la población sabía a quién pertenecía cada piedra; en Bitcoin, los miembros de la red transmiten su transacción a todos los miembros de la red, quienes comprueban que el emisor tiene el saldo necesario para la transacción, y se lo abonan al receptor.

Mientras que el robo físico de las piedras rai hacía que su divisibilidad fuera muy poco práctica, Bitcoin no tiene que hacer frente a este problema. La oferta de Bitcoin está formada por un máximo de 21 millones de monedas, cada una de las cuales es divisible en 100 millones de Satoshis, haciéndola altamente vendible en todas las escalas. Si bien las piedras de Yap solo resultaban prácticas para unas cuantas transacciones en una pequeña isla con una exigua cantidad de habitantes que se conocían entre sí, Bitcoin tiene mayor vendibilidad en el espacio, porque cualquier persona en cualquier lugar del mundo con conexión a internet puede acceder al registro digital.

Bitcoin es además el primer ejemplo de “escasez absoluta”, la única materia prima líquida (digital o física) con una cantidad determinada fija que, en teoría, no puede aumentar. Por esta razón, tiene una elevada vendibilidad en el tiempo. De este modo se evitarían estrategias de expansión monetaria que devaluarian la divisa. El crecimiento de la masa monetaria está determinado por una función programada adoptada por todos los miembros de la red.

Mientras que las monedas tradicionales aumentan continuamente su oferta y disminuyen su poder adquisitivo, Bitcoin ha presenciado hasta ahora un gran aumento de su poder adquisitivo real a pesar de un aumento moderado de su oferta, aunque reducido y limitado. Dado que a los mineros que verifican transacciones se les recompensa con Bitcoins, estos mineros tienen un gran interés en mantener la integridad de la red, lo que a su vez provoca que el valor de la moneda suba.

La volatilidad del Bitcoin deriva de que su oferta es totalmente inflexible y no responde a cambios de la demanda, porque está programada para crecer a un ritmo predeterminado. Para cualquier mercancía habitual, la variación en la demanda afectará a las decisiones de producción por parte de los productores de la misma: un aumento en la demanda hace que aumenten su producción, moderando la subida en el precio y permitiéndoles aumentar su rentabilidad; mientras que una caída en la demanda hace que los productores disminuyan su oferta, lo que les permite minimizar pérdidas.

Hasta la invención de Bitcoin toda forma de dinero era ilimitada en su cantidad y, por consiguiente, imperfecta en su capacidad de servir como reserva de valor a lo largo del tiempo. La oferta monetaria inmutable de Bitcoin la convierte en el mejor medio de guardar el valor producido a partir del tiempo humano limitado, por lo que se erige posiblemente en la mejor reserva de valor que la humanidad haya inventado en toda su historia. En otras palabras, Bitcoin es la manera más económica de comprar el futuro, ya que constituye el único medio que no puede verse devaluado, por mucho que aumente su valor.

La versión histórica de una moneda sólida, el oro, no ofrecía tales ventajas. El carácter físico del metal amarillo lo hacía vulnerable al control gubernamental. La dificultad que suponía su traslado se tradujo en la necesidad de centralizar en la banca y los bancos centrales los pagos que se realizaban con él, lo que favorecía su confiscación. Con Bitcoin, en cambio, la verificación de las transacciones es un trámite menor y prácticamente exento de costes, dado que cualquier persona puede acceder al libro mayor de transacciones desde cualquier dispositivo conectado a internet. Sin embargo, puede que la ventaja comparativa de Bitcoin no resida en sustituir pagos en efectivo. Los pagos en persona, para cantidades reducidas, pueden llevarse a cabo a través de una amplia variedad de opciones: metálico, trueque, favores, tarjetas de crédito, cheques bancarios, etc.

Los sistemas de pago centralizado, como Visa MasterCard, utilizan un registro  centralizado en el que se consignan todas las transacciones, así como seguridad completamente separada. Visa puede procesar unas 3.200 operaciones por segundo, 100.000 millones de  transacciones al año. Los actuales bloques de Bitcoin de un megabyte son capaces de procesar un máximo de cuatro transacciones por segundo, 350.000 por día, o alrededor de 120 millones al año. Para que Bitcoin pudiera procesar los más de 100.000 millones de transacciones de Visa, cada bloque tendría que ser de unos 800 megabytes, lo que significa que, cada diez minutos, cada nodo Bitcoin añadiría unos 42 terabytes, o 42.000 gigabytes. Tal cifra está totalmente fuera de la esfera de la posible capacidad ordenadores disponibles en el mercado, ni en la actualidad ni en un futuro cercano.

Es probable que la ventaja de Bitcoin no radique en competir con estos pagos de cuantías reducidas y a cortas distancias, sino en haber creado el método más veloz para realizar pagos finales de cuantías elevadas a largas distancias y más allá de las fronteras nacionales. Y es que, tan solo hay unas pocas divisas que se aceptan para realizar pagos en todo el mundo. El envío internacional de dichas monedas por valor de unos miles de dólares suele costar unas decenas de dólares, tarda varios días en llegar y se ve sujeto a un examen forense invasivo por parte de las instituciones financieras. El elevado coste de dichas transacciones radica fundamentalmente en la volatilidad de las divisas y los problemas de liquidación entre instituciones de distintos países, lo que exige el empleo de varios niveles de intermediación.

Por otra parte, al no entrañar riesgo de contraparte ni depender de terceros, Bitcoin es idóneo para desempeñar la misma función que el oro como patrón de referencia. Representa dinero neutral para un sistema internacional que no confiere a ningún estado el exorbitante privilegio de emitir la moneda de reserva mundial, y no depende de su rendimiento económico. Al estar separado de la economía de un país en particular, su valor no se verá afectado por el volumen de comercio denominado en él, evitando así todos los problemas de tipos de cambio que han plagado el siglo XX.

Además, el carácter definitivo de la liquidación en Bitcoin no depende de ninguna contraparte, y no requiere que ni un solo banco ejerza de árbitro de facto. La provisión de Bitcoin no puede verse inflada por ningún banco miembro, lo que la convierte en un valor de reserva más interesante que las monedas nacionales, diseñadas para que su oferta pueda ser incrementada y así financiar a los gobiernos.

En un mundo en el que los gobiernos no pueden crear más Bitcoins, estos bancos centrales de Bitcoin competirían libremente entre sí para ofrecer instrumentos monetarios y soluciones de pago con la moneda digital como aval. Los tipos de interés podrían variar, y el dinero en efectivo de unos bancos podría negociarse con descuento respecto a los otros.

Conclusión

Una vez completado el viaje a través de la historia, analizando tecnologías encargadas de realizar las funciones del dinero, desde los sistemas primitivos de dinero, como las conchas, metales, monedas, el patrón oro y la deuda pública moderna; podemos entender por qué el sistema Bitcoin, descentralizado y distribuido, es la primera forma de efectivo digital implementada con éxito.

El patrón Bitcoin es la alternativa descentralizada a los bancos centrales. Y es que, debemos tener cuidado con a quién damos el poder de tomar macro decisiones centralizadas. Los economistas de la escuela austriaca como Hayek, defendían que bajo una realidad orgánica, las cosas funcionan de forma distributiva.

No necesitamos conocimiento para que las cosas salgan bien. Tampoco racionalidad individual. Solo nos hace falta la estructura. Los mercados racionales no requieren que ningún agente concreto sea racional. No necesitamos una administración de estilo soviético integrada por seres humanos muy inteligentes.

Por esta razón Bitcoin es una buena idea. No tiene dueño ni autoridad que pueda decidir su suerte. Bitcoin es una moneda sin gobierno, sin el respaldo de un estado o un banco central. ¿Qué ocurre con las divisas basadas en oro, plata y otros metales? Los bancos controlan el juego de custodios o depositarios, y los gobiernos controlan a los bancos. Bitcoin tiene una ventaja sobre el oro a la hora de efectuar transacciones, ya que no requiere de custodio específico. Ningún gobierno puede controlar qué código tienes en la cabeza.

En su estado actual puede que sea demasiado volátil para realizar transacciones cotidianas, como comprar un café. Pero se trata de la primera moneda orgánica. Es un recordatorio de la pérdida del último objeto que los gobiernos pueden controlar. Nuestra póliza de seguro contra un futuro orwelliano.

Fin del resumen

Biografía del autor

Saifedean Ammous

Saifedean Ammous es profesor de Economía en la Escuela de Negocios Adnan Kassar en la Universidad Americana de Líbano. Tras graduarse en Ingeniería Mecánica en el mismo centro en 2003, Ammous continuó su formación con un posgrado en Gestión del Desarrollo en la London School of Economics en 2004, para después doctorarse en Desarrollo Sostenible de la Universidad de Columbia, Estados Unidos. Especialista en criptomonedas, realiza trabajos de investigación y consultoría para distintas organizaciones. Además es un asiduo conferenciante y formador en gestión económica de profesionales del sector privado, así como de altos funcionarios.

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